INTRODUCCIÓN al libro ¡fidelidad e integridad!

Este libro presenta a los lectores de habla hispana, y especialmente a los amantes de la Biblia, la Nueva Versión Internacional (NVI), la más reciente traducción de las Sagradas Escrituras en español hecha directamente de los idiomas originales hebreo, arameo y griego por un selecto grupo de expertos especialistas en las diversas disciplinas bíblicas, pertenecientes a una doce diferentes denominaciones cristianas evangélicas y a unos quince países de nuestro continente americano.

Desde su publicación, la NVI se ha constituido en un éxito de ventas y distribución.  Más de dos millones de ejemplares en menos de dos años muestran la amplia acogida que ha tenido esta versión de la Biblia, hecha en un claro, fresco y elegante español contemporáneo.  Por algo se ha llamado «la Biblia del tercer milenio».  Tomó poco más de diez años al comité de traducción bíblica completar el trabajo de traducción de la NVI, utilizando el mejor texto fuente hoy existente, producto de la investigación de expertos en el texto y en las disciplinas relacionadas con la crítica textual, quienes trabajaron en miles de manuscritos, en su mayoría descubiertos en los últimos cien años.  Esto nos ha permitido contar hoy con el texto más depurado y cercano a los originales que jamás pudo soñarse.

Era ya tiempo de que nuestros lectores de habla hispana tuvieran una versión de la Biblia en un lenguaje contemporáneo, de fácil lectura y comprensión, pero de comprobada elegancia y belleza, tal como se lo merece la Palabra de Dios.  Pero era así mismo importante entregar a los lectores de la Biblia en este nuevo siglo el texto bíblico más íntegro, cercano y fiel a los originales; depurado de adiciones, errores e interpolaciones, que con el correr de los siglos le fueron añadidos.  Gracias a las ciencias bíblicas modernas, la antropología, la arqueología, la semántica, la semiótica y especialmente a la crítica textual podemos hoy clarificar cuál es en verdad el más puro texto bíblico, el más cercano a los autógrafos u originales.  Y este libro nos explica cómo para lograrlo, muchas palabras, pasajes y versículos han tenido que salir del texto, ya que, según el estudio concienzudo y detenido de los miles de manuscritos con los que hoy contamos, nunca en realidad pertenecieron al mismo.  No debemos temer, sin embargo, que la enseñanza bíblica o las verdades contenidas en la Biblia se alteren.  Cada afirmación y enseñanza importante en las Escrituras está  respaldada  por una rica variedad de textos y pasajes por lo que no necesitan ciertamente apoyarse en textos que la crítica textual ha identificado como no existentes o dudosos.

En realidad, en la composición de este libro intervinieron muchas manos.  Mencionamos los principales colaboradores en el comité de redacción.  Es importante señalar que utilizamos diferentes fuentes bibliográficas y entre ellas, de manera muy especial, el libro del doctor Ken Barker, Accuracy Defined and Illustrated, aunque en muchos casos nos tocó cambiar, ampliar y redactar de manera diferente las respuestas, además de agregar otras respuestas y observaciones.  Otras fuentes utilizadas aparecen en la bibliografía.

El comité de traducción bíblica, la Sociedad Bíblica Internacional, Vida y el editor de este libro esperan que la información y orientación que contiene ayuden a los lectores de la Biblia a comprender por qué el mejor texto no es el que nos gusta y amamos porque estamos acostumbrados a leerlo y estudiarlo por largos años, sino aquel que, de acuerdo con los más recientes y avanzados descubrimientos y estudios textuales, nos acerca más a los originales bíblicos que se perdieron hace muchos siglos, pero que hoy podemos reconstruir con bastante exactitud, gracias al trabajo honesto y dedicado de expertos en las ciencias bíblicas, que aman la Palabra y quieren que se lea en toda su integridad y con la mayor fidelidad a lo que inicialmente fue inspirado por Dios a los primeros depositarios de la revelación divina.

Luciano Jaramillo Cárdenas
Director de Traducciones y Ministerios Hispanos para las Américas
de la Sociedad Bíblica Internacional

 


LA NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL
"La Biblia del tercer milenio"
El principio de una nueva tradición en traducciones de la Biblia 
Por Luciano Jaramillo

1. ¿Qué es la NVI?

Es una nueva traducción de la Biblia, hecha directamente de los idiomas originales hebreo, arameo y griego, al más fresco, exacto y elegante español contemporáneo.

2. ¿Cómo podría catalogarse esta Biblia?

Es la Biblia que, conservando los valores de las versiones tradicionales, tales como la estricta fidelidad al texto original y la elegancia en la dicción y estilo, utiliza los más recientes adelantos de las ciencias bíblicas, para producir una versión fresca y contemporánea, para los lectores de la Palabra de finales de este siglo y del próximo milenio. Por eso la podemos caracterizar justamente como "La Biblia del tercer milenio", "el texto bíblico adecuado para la evangelización de las nuevas generaciones".

3. ¿Cómo surgió la idea de una nueva traducción de la Biblia en español?

Ante la extraordinaria acogida que tuvo la New International Versión (NVI) en todo el mundo de habla inglesa, la Sociedad Bíblica Internacional aceptó de buen agrado la solicitud que muchos creyentes e iglesias le presentaron de realizar traducciones de la Biblia en otros idiomas, siguiendo los mismos parámetros exegéticos y principios hermenéuticos utilizados por los 110 biblistas que hicieron la versión en inglés. La Nueva Versión Internacional (NVI) fue la primera en iniciarse en otro idioma.

4. ¿Qué otras consideraciones se tuvieron en cuenta para iniciar este proyecto?

Se tuvo en cuenta el principio general de exégesis bíblica, que aconseja utilizar no una, sino varias versiones, en la lectura, estudio y exposición de la Palabra. Se pensó que ya era tiempo de ofrecer a los creyentes y al pueblo en general de habla hispana una nueva versión de las Escrituras, realizada por el más selecto y confiable grupo de expertos biblistas evangélicos de nuestro continente, hecha directamente de los textos originales (hebreo, arameo y griego), en el más fresco, claro y hermoso español contemporáneo. En realidad la NVI es la primera Biblia traducida al español en su totalidad, por un equipo de biblistas evangélicos latinoamericanos.

5. ¿Cuándo se inició este proyecto y qué etapas se siguieron en su realización?

Podría señalarse como fecha de arranque del proyecto en el año 1979, cuando la Sociedad Bíblica Internacional tomó la decisión de producir un Nuevo Testamento, en español, siguiendo los parámetros de la NVI. Varias personas y comités trabajaron por casi diez años. En este período se publicaron varias traducciones del Nuevo Testamento hechas más que todo del texto inglés de la NVI, aunque consultando de cerca los textos originales. En 1990, después de varias consultas con importantes biblistas y líderes de América Latina, se decidió formar un comité de traducción bíblica, y nombrar al Dr. René Padilla como presidente, y al Dr. Luciano Jaramillo como secretario ejecutivo del mismo, para emprender en firme una nueva versión de la Biblia, basada en los textos originales, arameo, hebreo y griego.

6. ¿Quiénes forman parte de este comité de traducción bíblica?

El Comité de Traducción Bíblica responsable de la NVI está constituido por reconocidos pastores, profesores expertos en los diferentes campos bíblicos: Antiguo y Nuevo Testamento; historia, antropología, semántica, lingüística y otras disciplinas. Todos dominan uno, dos o tres de los idiomas originales de la Biblia: arameo, hebreo y griego. Y sobre todo son todos fervientes creyentes en la Palabra de Dios, a la que reconocen su valor de revelación eterna e infalible.

Representan además más de diez países hispanoamericanos. Algunos viven y trabajan en los Estados Unidos, pero la mayoría ejerce su ministerio de enseñanza y predicación en América Latina. Por último, representan una variada gama de iglesias y denominaciones evangélicas, entre las cuales podemos mencionar las Asambleas de Dios y otras ramas pentecostales, la presbiteriana, la luterana, la menonita, la bautista, la iglesia centroamericana y otras.

7. ¿Quién patrocina este proyecto?

La Sociedad Bíblica Internacional, (NVI), que es una organización cristiana evangélica mundialmente reconocida, dedicada desde hace ya casi doscientos años a la traducción, publicación y distribución de la Biblia, con el único propósito de que muchos lleguen al conocimiento y salvación en Jesucristo, y, a través del estudio de las Sagradas Escrituras, crezcan en su fe y se conviertan en auténticos discípulos del Maestro. El ministerio de la SBI se ha extendido ya a 44 países en el mundo, y, con su trabajo de traducción, publicación y distribución de las Escrituras en centenares de lenguas, ofrece a iglesias, personas e instituciones, programas de evangelización y discipulado, y una gran variedad de Biblias, Nuevos Testamentos y otras escrituras y materiales para la evangelización y el discipulado.

8. ¿Cuáles son las características de la NVI?

Fidelidad al texto, sentido y mensaje original de los escritores sagrados; a lo que se suma la dignidad y elegancia del lenguaje español; mientras se busca celosamente estar al alcance de una mayoría de lectores.

9. ¿Qué proceso se siguió en la traducción?

Cada libro fue tratado de manera particular desde un comienzo. Un traductor, especialista en determinado libro, hizo un primer borrador de traducción, que fue revisado por otros traductores. Luego los comités de Antiguo o Nuevo Testamento revisaron los manuscritos en muchas sesiones de trabajo conjunto, aportando observaciones y enriqueciendo el trabajo. Lectores y revisores de diferentes países leyeron los manuscritos e hicieron sus observaciones. Por último un comité de biblistas y escritores dieron los últimos toques finales de estilo. La aprobación final correspondió al comité de traductores en pleno.

10. ¿Qué principios guiaron a los traductores?

· Un absoluto respeto por la Palabra divina, y una profunda fe en la misma.

· Un genuino deseo de que el lector contemporáneo pudiera leer esta Palabra eterna, en un español fresco, digno y actual, y recibirla con gusto y facilidad, por su claridad y belleza.

· Un cuidado esmerado para que el lenguaje de la NVI conserve la dignidad y belleza que merece la Palabra inspirada.

· Se siguieron muy de cerca además los principios exegéticos y hermenéuticos utilizados en la versión de la Biblia más famosa y más aceptada y utilizada en la lengua inglesa hoy: la New International Versión (NVI).

11. ¿Por qué se puede afirmar que la NVI es una traducción clara, fiel y exacta?

Porque reproduce en el español de hoy lo que el autor sagrado, inspirado por Dios, quiso transmitir a la gente de su tiempo, en los idiomas corrientes en ese entonces (hebreo, arameo y griego). Una traducción fiel y exacta debe tomar en cuenta no sólo la lengua original, sino también la lengua receptora. Esto significa transferir el contenido total del mensaje en las formas y giros gramaticales de la lengua receptora, cuidando que no se pierda ‘ni una letra, ni una tilde" de ese mensaje (Mateo 5:18).

12. ¿Qué relación tiene la NVI con otras versiones tradicionales?

Las complementa y hasta puede mejorarlas en algunos aspectos. Por ejemplo, aquellos términos y expresiones que han hecho carrera entre el pueblo cristiano y que se entienden bien permanecen. Se han buscado al mismo tiempo el uso de nuevos giros y expresiones para comunicar aquello que en otras versiones no aparece tan claro o evidente. Por otra parte, siendo la NVI la más reciente versión de la Biblia en español, sus traductores han podido utilizar la más depurada base textual, fruto del estudio e investigación de miles de manuscritos bíblicos, descubiertos en los últimos años; así mismo, se han servido para su trabajo de los avanzados recursos de las ciencias auxiliares de la traducción bíblica, incluyendo las técnicas de la computación.

13. Una palabra final

Por casi una década, la Sociedad Bíblica Internacional y su comité de traducción bíblica han trabajado con profundo amor y fe y entusiasmo para entregar a los lectores del final de este siglo y a los del próximo milenio la mejor versión del texto bíblico que podamos tener en español. Estamos seguros de que la NVI será de gran provecho y ayuda no sólo en el estudio individual de las Escrituras, sino en la predicación y enseñanza, y especialmente en la evangelización. Tenemos la firme certeza de que como ha ocurrido para los lectores de habla inglesa, con la New International Versión (NVI) se convertirá en la BIBLIA INDISPENSABLE.

Que todo sea para mayor gloria de Dios y el más amplio conocimiento de su Palabra, a fin de que este precioso don que Dios ha dado a la humanidad esté accesible, comprensible y cercano al corazón de nuestro pueblo.

 


CRÍTICA TEXTUAL Y TRADUCCIÓN BÍBLICA  
Escrito por Luciano Jaramillo Cárdenas

 ¿Cómo sabemos que el texto bíblico que hoy leemos es el que originalmente fue dado a cada autor bíblico por inspiración divina? 
La respuesta no es sencilla.

 La respuesta de fe:

Una respuesta de fe sería que, como creyentes en la Palabra de Dios, sabemos que es «revelada» e «inspirada».

Revelación es la iniciativa divina por la que el mismo Dios buscó transmitir su mente, corazón y voluntad a la criatura humana a través de un grupo de elegidos intermediarios o primeros trasmisores humanos de la revelación divina.

Inspiración:  la revelación divina estuvo acompañada de la asistencia del Espíritu de Dios, que cuidó que la transmisión de la mente divina a cada uno de los autores humanos de la revelación fuera fiel al pensamiento divino. Por eso afirmamos que la Palabra de Dios es inspirada.

Esta es la respuesta de la fe a la pregunta inicial acerca de la confiabilidad de la Palabra de Dios.  Decir que es una respuesta de fe no significa que carezca de fundamento, porque quienes creemos en la Palabra divina y tratamos de vivirla y aplicarla comprobamos de mil formas no sólo su belleza, profundidad y sabiduría incomparables, que sólo se pueden explicar por su origen divino, sino su valor y poder para convertir, cambiar y orientar la existencia por senderos de virtud, bondad y salvación, asegurándonos una vida temporal más completa y fructífera, y una vida eterna de perenne paz y felicidad en el más allá.

Contamos, pues, con criterios internos y externos para comprobar que el contenido del libro que llamamos Biblia es inspirado y transcribe fiel y confiablemente la revelación divina. Necesitamos, pues, abordar el contenido de este libro con un poco de fe y en la compañía del Espíritu de Dios para aprovecharnos plenamente de su contenido. Es esta la mejor manera de leer y estudiar la Biblia.

La respuesta científica

Todo lo dicho anteriormente no significa que no podamos ni debamos estudiar la Biblia como un documento humano, de altísimo valor y contenido histórico, literario, filosófico, teológico, antropológico.  No debemos olvidar que aunque la consideramos Palabra y Revelación divinas, esta se da en lenguaje humano y dentro de un marco histórico y cultural humanos.  Por eso es válido buscar una respuesta humana, científica e histórica a la pregunta inicial de este artículo: ¿Cómo podemos  asegurarnos de  que el texto bíblico que hoy leemos es científicamente confiable como transmisión fiel del texto originalmente dado por inspiración divina a los autores sagrados?

 Es aquí donde entran a ayudarnos, como estudiosos conscientes y objetivos del texto sagrado, las diversas ciencias bíblicas, a saber: la exégesis y la hermenéutica, la arqueología, la antropología, la semántica, la semiótica y por supuesto la historia.  Colocar el texto bíblico bajo el lente clarificador e iluminador de cada una de estas disciplinas, no sólo para desentrañar su significado, sino para asegurarnos de la pureza de su texto, es lo que los expertos han llamado el estudio crítico de las Escrituras.  Hay pues, diferentes acercamientos críticos al estudio de las Escrituras: Crítica histórica, Crítica literaria, Crítica lingüística, Crítica de las formas y uno de los más importantes, que es como la base de los otros: la Crítica textual.

 ¿Qué es la Crítica textual?

 La crítica textual es la verificación del sentido y escritura originales de un texto, tal como debió salir de la mente y redacción textual de su autor. A la crítica textual corresponde utilizar todos los elementos que las ciencias ya mencionadas le proporcionan para reconstruir el texto bíblico, en su forma más cercana y fiel a los originales.

 ¿Por qué es importante la crítica textual?

 Hay razones históricas y teológicas.

a)     Puesto que no poseemos los originales del texto bíblico, que se perdieron hace muchos siglos, debemos descubrirlo a través de posteriores trasmisiones del mismo en una variedad de manuscritos, leccionarios, citas y traducciones que se han ido dando a lo largo de los siglos.  Todas estas fuentes textuales tienen sus variantes que deben ser estudiadas escrupulosamente para llegar al texto bíblico más depurado y cercano a lo que fueron los originales.  Es este ejercicio científico precisamente lo que llamamos crítica textual.

b)    Puesto que la exégesis bíblica se ocupa de extraer el significado y sentido de los textos, se impone distinguir lo que realmente nos transmitieron los autores originales de la Biblia, de lo que por una u otra razón fue incorporado por copistas o intérpretes que nos transcribieron posteriormente ese texto. De esta manera nuestras afirmaciones e interpretaciones teológicas estarán basadas en el auténtico texto de los autores originales o en la rendición textual más cercana a los mismos.

c)     Hay además un interés hermenéutico: hay que volver al texto primitivo, porque sólo este puede informarnos sobre la teología de los escritores bíblicos.

 ¿Cómo afecta esto a las diversas versiones de la Biblia?

 Todo esto nos demuestra la importancia de basar nuestro estudio y exposición de las Escrituras en traducciones de la Biblia que han usado el mejor, más depurado y avanzado texto original de las Escrituras que hoy poseemos. Biblias que se han traducido siguiendo los parámetros de la moderna ciencia de la crítica textual.  Las traducciones antiguas de la Biblia, basadas casi todas en lo que se llama el textus receptus para el Nuevo Testamento, y en manuscritos más bien tardíos del Antiguo, por bellas y aceptables que nos parezcan y por muy queridas que sean a nuestro corazón por motivos de tradición y sentimiento, acusan ciertos vacíos y problemas que deben resolverse, comparándolas con versiones más recientes, que ya han incorporado todos los avances de la investigación científica del texto, basadas en miles de manuscritos descubiertos en los últimos años.  Este trabajo de investigación crítica nos ha dado lo que llamamos el textus criticus, que es el que sirve de base a las traducciones más modernas del Nuevo Testamento.  El eminente biblista, lingüista y antropólogo, responsable de numerosas traducciones de la Biblia patrocinadas por las Sociedades Bíblicas Unidas, el Dr. Eugenio A. Nida, escribió en su libro Dios habla a todos:

 No es la Biblia más fiel a los originales la que yo he usado por muchos años y que por lo mismo me es querida y apreciada, sino la que me presenta el texto depurado de la Escritura, obtenido por la investigación y estudio de manuscritos que hoy en día nos remontan diez o quince siglos más cerca de los originales; manuscritos que no tuvieron a su alcance los traductores de la Biblia de los siglos anteriores.

 De ahí que un sabio consejo elemental de exégesis bíblica es no entregar la lectura, estudio y exposición de las Escrituras a una sola versión de las mismas y usar, a la par de nuestras versiones tradicionales, otras versiones más actualizadas.

 ¿Qué beneficios nos trae  entonces la crítica textual?

a)         Nos entrega el texto bíblico más depurado y cercano a lo que fueron  los «autógrafos»  u originales.

b)         Prepara al lector y estudioso de las Escrituras para extraer el más fiel y exacto significado o sentido del texto.

c)         Brinda al estudiante y expositor de la Biblia los conocimientos fundamentales de la historia del texto bíblico, y el valor de cada uno de los testigos: manuscritos, códices y otros remanentes del mismo.

d)         Nos enseña a utilizar técnicamente el aparato crítico de la Biblia, que es la lista de referencias codificadas de las diversas variantes o cambios textuales que se encuentran en la rica variedad de códices y documentos que hoy tenemos del texto bíblico.

e)         Nos enseña además a aplicar las reglas fundamentales de un estudio más científico y avanzado de las Escrituras, basado en sanos principios de exégesis y hermenéutica bíblicas.

f)          Nos capacita para distinguir el valor y utilidad de las versiones antiguas y modernas de la Biblia, conociendo las variantes de los diferentes manuscritos, versiones y testigos que hoy poseemos del texto original.

 El texto hebreo del Antiguo Testamento

La historia del texto del Antiguo Testamento nos remonta a lo que llamamos del período intertestamentario; es decir, los tres o cuatro siglos que mediaron entre la redacción del Antiguo y del Nuevo Testamento. En este período la Ley se convirtió en el centro de la vida judía.  Emergieron los escribas encargados de copiar y mantener el texto sagrado.

 Podemos ver una descripción de sus funciones en el libro deuterocanónico del Eclesiástico 38:24-39:15.  Son ellos los responsables de la colección de tradiciones judías llamadas la Mishnah, cuya estructura básica fue establecida por el famoso Rabí Akiba (55-137 d. C).  Viene después el período talmúdico (200-500 d. C.) en el que se agregaron a la Mishnah otros materiales para formar el Talmud, del cual tenemos dos versiones: el babilónico y el palestino.

 Los escribas tuvieron gran cuidado en este período de conservar el texto hebreo que se había estandarizado cerca del año 100 d. C.  Hicieron la división de palabras del texto consonantal que aparecían todas juntas.  Dividieron el texto en párrafos, aunque los manuscritos de Qumrán nos muestran que estas divisiones ya existían en tiempos precristianos.  Ellas no se deben confundir con la separación en capítulos, que se dio mucho después en el siglo XIV, siguiendo las divisiones establecidas antes por Stephan Langton (1150-1228).  La división en versículos la hicieron los masoretas en el siglo X.

 Estos guardianes del texto bíblico surgen a partir del siglo V hasta el siglo X d. C.  y son los responsables del importantísimo texto masorético, que aún hoy es fundamental en la traducción del Antiguo Testamento.  Los masoretas se dedicaron a conservar reverentemente el texto hebreo consonantal, que llamaban Ketib, o «texto escrito».  Al margen indicaban cuál era la mejor pronunciación con la palabra que Lo que equivalía a decir: «Así se escribe», «así se lee».  Por ejemplo, el nombre de Dios se transcribía con las consonantes del tetragrámaton: YHWH.  Pero, por respeto, se pronunciaba, Adonai (Señor).  Esta costumbre dio origen al nombre híbrido de Jehová, que es una combinación de las consonantes Yahweh, con las vocales de Adonai.

 Manuscritos del texto hebreo de la Biblia

 Antes del descubrimiento de los manuscritos del Mar Muerto a partir de 1947, no poseíamos manuscritos del Antiguo Testamento anteriores al siglo IX y X d.C.  La colección más completa existente hoy de esos manuscritos es la de la Biblioteca de Leningrado, organizada por el judío ruso Abraham Firkowitsh (1785-1874).

 Mencionemos algunos de los más importantes de ellos, que han servido en el pasado para la construcción del texto hebreo:

 El códice del Cairo (año 895): contiene los profetas. El códice de Alepo (año 930): está actualmente en Jerusalén; contiene todo el Antiguo Testamento. El códice de Leningrado (año 1008): fue la base del texto hebreo de la Biblia de Kittel, que ha servido de base de muchas traducciones.  El códice del Pentateuco del Museo Británico (año 916).  El códice Reuchlin de los Profetas (año 1105).

 Hay muchos otros manuscritos, más que todo fragmentarios.  Estos son los más importantes que nos trasmiten el texto masorético.  Pero, con los descubrimientos de los rollos del Mar Muerto en el desierto de Judea a partir del año 1947, hoy tenemos manuscritos miles de años más antiguos, aunque es sorprendente constatar cómo el texto de Qumrán merece un capítulo aparte.  Digamos sólo que contienen copias de prácticamente todos los libros del Antiguo Testamento y que algunos de sus manuscritos se remontan a los siglos I, II y posiblemente al III a. C.

 El texto del Nuevo Testamento

 El primer Nuevo Testamento griego impreso fue preparado pos sabios españoles en 1514, bajo el patrocinio del Cardenal Cisneros.  Su preparación tomó casi diez años y fue publicado junto con el Antiguo Testamento.  Tomó el nombre de Biblia políglota complutense, por estar en varias lenguas y haber sido publicada en Alcalá (Complutum, en latín).  El Antiguo Testamento se imprimió en tres columnas yuxtapuestas con el texto hebreo, la Vulgata latina y la versión griega de los Setenta.  El Nuevo Testamento aparecía en griego y latín.  Sin embargo, esta no fue la primera edición griega del Nuevo Testamento que vio la luz pública.  Su publicación sólo se autorizó a partir de 1520.

 Mientas tanto el humanista holandés Erasmo de Rótterdam (1469-1536) publicó a marchas forzadas su propia edición del Nuevo Testamento griego en 1516, que fue todo un éxito editorial.  Hoy en día le dan poco valor científico a esta obra, porque Erasmo tuvo que basarse en manuscritos minúsculos del siglo XII, de escaso valor; y para los últimos versículos del Apocalipsis, al no encontrar ningún manuscrito griego completo del libro, se vio obligado a retraducirlos de la Vulgata latina.  No obstante, en su tiempo el texto griego de Erasmo tuvo mucha importancia.  Lutero y los traductores de los siglos XVI y XVII, como Reina y Valera (español), Almeida (portugués), y la traducción al inglés de la versión del «King James,» utilizaron el texto de Erasmo.

 El editor parisino Robert Etienne (Stephanus, en latín; 1503-1559) usó el texto de Erasmo para su edición griega del Nuevo Testamento al cual introdujo por primera vez al aparato crítico (lista de «variantes»), y la división en versículos, que seguimos utilizando hoy.  Fue este texto el que hizo carrera con el nombre de textus receptus (o «comúnmente aceptado»), el cual se consideraba intocable hasta el siglo XIX.

 J. A. Bengel (1687-1752), aunque dejó casi intacto el textos receptus, lo contrastó, señalando otras variantes, que según él debían preferirse al texto griego de Erasmo.  Bengel introdujo además reglas de crítica textual que siguen hoy vigentes y dividió las variantes textuales en dos grandes grupos.

 J. J. Griesbach (1745-1812) amplió las divisiones de los manuscritos clasificando las recensiones o compilaciones del texto bíblico, como la alejandrina, la occidental y la bizantina.  Griesbach fue el primero en atreverse a prescindir de muchos pasajes del textos receptus.

 El filólogo clásico K. Lachmann (1793-1851) rompió totalmente con el textus receptus y preparó una edición griega del Nuevo Testamento fundamentada sólo en la valoración crítica de los distintos manuscritos o testimonios textuales.

 El especialista en el texto bíblico, cazador de manuscritos C. Von Tischendorf (1815-1874), es una de las  figura más importantes en la investigación del texto del Nuevo Testamento.  Descubrió en el monasterio de Santa Catalina, en el monte Sinaí, el Codex  sinaiticus (Códice Sinaítico), que contiene casi todo el Antiguo Testamento y todo el Nuevo Testamento en griego.  Este manuscrito data del siglo IV d. C.  y se puede observar en el Museo Británico, en Londres.  Este antiguo manuscrito sirvió a Tischendorf para preparar su crítica mayor, que nos presenta un texto más antiguo y confiable del Nuevo Testamento.

 B. F. Westcott (1825-1901) y F. J. Hort (1828-1892) publicaron  una edición reconstruida del texto griego del Nuevo Testamento que alcanzó reconocimiento internacional.  A estos expertos debemos la clasificación de los textos neotestamentarios en : texto occidental (representado por el códice Bezae); texto alejandrino (representado por los códices Efraimita y el Regio); texto neutral (representado por los códices Sinaítico y Vaticano); y el texto sirio (representado por el códice Alejandrino).

 E. Nestle (1851-1913) elaboró el moderno textus receptus en su Novum Testamentum Graece publicado en 1898, que realmente es más bien ya el textus criticus, pues es fruto de un concienzudo y profundo trabajo de investigación y crítica textual.  En efecto, Nestle utilizó las tres ediciones científicamente más confiables e importantes del siglo XIX, comparándolas con un gran número de variantes de otros manuscritos neotestamentarios.  Este trabajo fue complementado por su hijo E. Nestle (1883-1972) y por K. Aland, quienes se unieron posteriormente.  La edición del Nuevo Testamento griego, que lleva su nombre (Nestle-Aland), revisado y actualizado con el estudio de los papiros y manuscritos recientemente descubiertos, ha llegado a ser el texto base de numerosas traducciones modernas del Nuevo Testamento.


 ¿Cuántos manuscritos de la Biblia poseemos hoy y cómo se clasifican?

Dios ha sido bueno con las últimas generaciones de estudiosos y lectores de la Biblia y ha sorprendido a los creyentes y no creyentes de los últimos dos siglos, especialmente a los traductores del texto sagrado, con una multitud de hallazgos de manuscritos de diverso orden tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

 Hoy contamos con más de cinco mil manuscritos y testigos textuales de cada uno de los dos testamentos, descubiertos en poco más de cien años.  Como lo hemos dicho, solamente en las cuevas de Qumrán, cerca del Mar Muerto, se han encontrado varios centenares de valiosos rollos de escritos bíblicos y extrabíblicos de incomparable valor.  Algunos se remontan a los siglos II y III a. C.  Del Nuevo Testamento tenemos hoy en día manuscritos, papiros y otros testigos del texto sagrado,  compuestos en los primeros cinco o seis siglos de la era cristiana, incluyendo el famoso Papiro 52, que data aproximadamente del año 125 d.  C. y contiene Juan 18:31-33 y 37-38.  El Papiro 52 es considerado el manuscrito más antiguo que hoy tenemos del Nuevo Testamento.

 Si se compara esta riqueza de fuentes textuales que utilizan hoy las nuevas versiones de la Biblia con los escasos manuscritos tardíos que utilizaron las versiones tradicionales antiguas como Reina Valera, Almeida y otras, vemos que hay una mayor garantía de fidelidad al texto original en estas nuevas versiones.  Y como no es justo ni adecuado medir la fidelidad e integridad de una versión contemporánea, como por ejemplo la Nueva Versión Internacional, que se ha basado en la mejor compilación o recensión del texto bíblico, fruto del estudio de todos estos miles de manuscritos recientemente descubiertos, con versiones tradicionales de la Biblia hechas dieciséis o diecisiete siglos después de que el texto del Nuevo Testamento fuera compuesto, contando con una fuente o base textual escasa y tardía.

En cuanto a la clasificación de los manuscritos, sólo para el Nuevo Testamento  podemos  distinguir cuatro familias, según su contenido, su forma de escritura, o el material de escritura, la materia y forma de cada uno de ellos:

a)     El texto «alejandrino» o «helenístico».  En el pasado se conoció como el «texto neutral», término que la mayoría de los críticos rechazan hoy.  Este texto está compuesto más que todo por manuscritos y papiros «mayúsculos».  Se le ha llamado «neutral» porque no ha sufrido revisiones, y «alejandrino» por ser utilizado por los Padres Alejandrinos como Orígenes, Dionisio y Cirilo de Alejandría.

b)    El texto occidental.  Manuscritos de la zona occidental del Mediterráneo. Lo encontramos en autores latinos y egipcios antiguos.  Se nota en este texto una preferencia por la paráfrasis, lo que lo hace menos confiable.

c)     El texto koiné, bizantino o texto regio.  De amplia difusión predominó en el siglo IV, conserva sin embargo variantes muy antiguas. Su característica es el pulimento de ciertas asperezas idiomáticas, la tendencia a la armonización del contenido y el esfuerzo por lograr un griego bonito.

d)    El texto de Cesárea.  Muy controvertido; probablemente utilizado por Orígenes, quien se trasladó de Alejandría a Cesárea.  Tiene mucha importancia para el Evangelio de Mateo.


 Fidelidad e integridad

Con todos estos precedentes, podemos entonces hablar de fidelidad e integridad en relación con el texto bíblico en las antiguas y nuevas versiones.  Ya hemos visto cómo la fidelidad no se puede ni se debe medir comparando una versión con otra, sino con el texto original (arameo, hebreo y griego) de la Biblia, en sus mejores rendiciones o recensiones que hoy poseemos.

Muchas de las versiones que tanto estimamos fueron hechas con dedicación, cuidado y diligencia. Y sus autores merecen nuestra admiración y gratitud.  Ellos trabajaron con los elementos y textos mejores que tuvieron a su alcance en su tiempo.  Sin embargo, no contaron con los manuscritos más antiguos y cercanos a los originales que hoy poseemos.  De hecho, con el descubrimiento en los últimos años de miles de manuscritos que superan en varios siglos de antigüedad a los usados por estas versiones, se han comprobado muchos vacíos, cambios y ediciones al texto bíblico que deben ser corregidos para preservar la integridad del texto sagrado.

Es eso lo que pretende explicar este libro, repasando pasajes y palabras que deben salir del texto bíblico, porque nunca pertenecieron a los originales, sino que fueron añadidos por copistas inescrupulosos o distraídos, en los siglos posteriores. Todo lo que se busca es recobrar la integridad del texto, buscando ser lo más fieles posible a su forma original, tal como salió de la pluma de los autores originales.  Proceder de otro modo, por temor a la reacción emocional de quienes por uno u otro motivo están apegados a determinada versión tradicional de la Biblia, sería faltar a la integridad profesional y cristiana.  Como afirma el Dr. Eugenio Nida: «Nuestra confianza en el texto de las Escrituras no debe basarse en lo que nos gustaría leer en ellas, sino en lo que realmente existe en los manuscritos antiguos más confiables».

 Si vamos a explicar la maldición de Apocalipsis de quitar «su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa» a quienes quiten «palabras de este libro de profecía», recordemos que el mismo libro del Apocalipsis amenaza con añadir «las plagas descritas en este libro» a quienes «añaden algo» al mismo (Apocalipsis 22:18-19).  Por lo que se colige de que es de bendición y de obligación con el texto mismo, retirar lo añadido, para restablecer su integridad original y ser fieles a la auténtica revelación divina.

No debe, pues, extrañarnos que en las Biblias más recientes no aparezcan en el texto algunos versículos o palabras que estamos acostumbrados a leer en nuestras Biblias tradicionales, y en su lugar aparezca una nota como esta: «Este versículo no aparece en ningún manuscrito anterior al siglo VII, etc.»  En lugar de reaccionar negativamente, piense que los que hicieron esa traducción no están de ninguna forma atentando contra la integridad del texto, sino todo lo contrario: restableciendo en su integridad original el texto bíblico. Ahora puede usted leer una Biblia mucho más fiel a lo que originalmente Dios reveló a los autores sagrados.


MUCHAS VERSIONES DISTINTAS, UNA SOLA PALABRA VERDADERA
Alfredo Tépox Varela

Muchos años han transcurrido desde que esos titanes de la Palabra que fueron Casidoro de Reina y Cipriano de Valera enriquecieron nuestra lengua castellana, el primero, con su bella versión de la Biblia, y el segundo, con su prolija revisión de la obra de aquél.  Muchos de nosotros recordamos todavía y citamos de memoria nuestros textos favoritos según la revisión de 1909 que, aunque distante ya de los giros típicos del Siglo de Oro de las letras españolas, cuenta todavía con la sonoridad que Reina y Valera supieron imprimirle.

Durante más de cuatro siglos la versión Reina y Valera ha sido, literalmente, la reina de las hasta hace poco escasas versiones españolas de la Biblia.  Tal reinado, sin embargo, ha sido circunstancial.  Recordemos que la lectura de la Biblia se ha efectuado desde las «catacumbas»  del protestantismo, y que sólo después del Vaticano II se ha generalizado entre la grey católica, donde ha habido un verdadero «boom» de traducciones bíblicas: Nacar-Colunga (N-C),  Bover-Cantera (B-C), Biblia de Jerusalén (BJ), Ediciones Paulinas (EP),  Biblia Latinoamericana (BLA), Nueva Biblia Española (NBE),  Biblia del Peregrino (BP),  etc.  Del lado protestante, hay que mencionar algunas versiones del Nuevo Testamento, como la Versión Hispanoamericana (VHA) y la Biblia de las Américas  (BA),  revisiones de Reina Valera Actualizada (RVA), y dos traducciones de toda la Biblia: la versión Dios Habla Hoy (DHH) y la Nueva Versión Internacional (NVI).

Ante esta miríada de versiones de la Biblia, no faltará quien se pregunte: «Si es verdad que la Biblia es la Palabra de Dios, ¿Cuál de todas estas versiones es esa Palabra?»  La respuesta puede parecer desconcertante: todas ellas en conjunto, y ninguna de ellas en particular.  «Pero ¿cómo puede ser eso posible?», objetará  alguien más.  Y la respuesta es que debemos entender que cuando confesamos que la Biblia es la Palabra de Dios, no estamos limitando el sentido de «palabra» a la simple unidad fónica o léxica, hablada o escrita.  De ninguna manera.  La «palabra», en relación con Dios, es algo más, mucho más, que una etiqueta pegada a un objeto.

Tal vez dos metáforas bíblicas puedan ayudarnos a entender este aparente problema: la confusión lingüística que tuvo lugar en Babel, y la perfecta comunicación que tuvo lugar aquel glorioso día de Pentecostés.  En el primer caso, la soberbia del hombre por «hacerse un nombre» fue la causa de que una sola lengua llegara a ser fuente de confusión; en el segundo, el deseo ferviente de los discípulos por «proclamar» ... las maravillas de Dios» hizo el milagro de que muchas voces en muchos oídos comunicaran un solo mensaje:  ¡He aquí una más de las muchas maravillas de Dios!

Dice el autor de la Carta a los Hebreos en el principio mismo de su discurso (1:1):

 Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo.

Como podemos ver, Dios, entre los múltiples modos en que se ha comunicado con el hombre, parece haber mostrado siempre una clara preferencia por el lenguaje. Pero el lenguaje es rico en significado, y aunque se vale de las palabras, éstas no agotan tal carga de significado en su sentido primario y referencial.  Con esto quiero decir que aunque «árbol», por ejemplo, ciertamente significa una «planta perenne, de tronco leñoso y elevado, que se ramifica a cierta altura del suelo», (si hemos de atender a la definición que de tal vocablo nos da el diccionario de la Real  Academia de la Lengua), cuando asociamos este vocablo a otros, tal asociación activa un mecanismo que produce nuevos significados.  Si así no fuera, todas y cada una de las palabras en todas las lenguas de este mundo tendrían un solo significado, y todos los libros que se han pronunciado dirían una y la misma cosa.  Sin embargo, las bibliotecas existentes, y los salones de clase, y los sermones dominicales, y las charlas de café, y hasta los chistes (¡sobre todo, los chistes!) nos muestran que una sola palabra tiene dos, tres y hasta más significados.  Además, la  historia del lenguaje nos demuestra que las lenguas cambian con el tiempo, de modo que si en los días de Cervantes «de espacio» significaba «a cierta distancia», ahora «despacio» puede significar «quedo» o «lentamente», sin que podamos explicarnos, al menos no con facilidad, tal distancia de sentido.

Este cambio constante del lenguaje nos lleva a prestar atención a estas aparentes sutilezas, las cuales cobran gran importancia cuando se trata de entender hoy el mensaje de siempre.  El texto de la Carta a los Hebreos citado antes nos dice que a través de la historia Dios ha estado procurando establecer comunicación con el hombre «muchas veces y de varias maneras».  ¿Por qué «muchas veces»?  Porque ha estado hablándoles a generaciones distintas y distantes.  ¿Por qué «de varias maneras»?  Porque cada grupo humano, y cada hombre –y, en efecto, quiere hacerlo y lo hace- tiene que echar mano de todos sus recursos comunicativos.  Lastimosamente, del hombre no se puede decir lo mismo, ni en su comunicación con Dios ni en su comunicación con sus semejantes.

Con esta breve visión de los cambios lingüísticos a través del tiempo y del espacio tal vez podemos ver ya la necesidad de las varias traducciones de la Biblia. Por ejemplo, cuando el lector del siglo XVI leía: «¿Son estos todos los mozos?»  (1 Samuel 16:11), seguramente entendía que la pregunta de Samuel a Isaí tenía que ver con los hijos de este último; hoy día, sin embargo, no pocos lectores se preguntarían por qué Samuel le preguntaba a Isaí acerca de sus «criados» o «meseros».  Malos entendidos como este hacen  necesario contar con nuevas versiones de la Biblia, como la versión Dios Habla Hoy, que en este caso traduce: «¿No tienes más hijos?».

 Hay casos, como el de Génesis 1:14 en que los términos no son tanto equívocos cuanto arcaicos:

Haya lumbreras en la expansión de los cielos (RVR 1960).
Que haya luces en la bóveda celeste (DHH).
Que haya luces en el firmamento (NVI).

En algunos otros, los términos en el texto original son ricos en sentido, y difícilmente una sola palabra bastaría para reflejar toda su riqueza de significado.  Sin embargo, y a pesar de las limitaciones lingüísticas que alguna lengua particular pudiera tener, siempre podrán hallarse términos más aptos que otros para que la nueva traducción exprese con mayor fuerza el sentido del original.  Veamos, por ejemplo, el Salmo 136:

Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia (RVR 1960).
Den gracias al SEÑOR, porque él es bueno; porque su amor es eterno (DHH).
Den gracias al SEÑOR, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre (NVI).

Hay otros casos en que la fuerza  del  original demanda un cambio en la retórica de la palabra, frase o discurso que se traduce.  Ejemplo de ellos es el capítulo 1 de Isaías, de donde tomamos sólo el versículo 12:

 ¿Quién os demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? (RVR 1960).  Ustedes vienen a presentarse ante mí,,
Pero ¿quién les pidió que pisotearan mis atrios?
  (DDH).
¿Por qué vienen a presentarse ante mí?
¿Quién les mandó traer animales para que pisotearan mis atrios?  (NVI).

Este ejemplo de Isaías nos muestra una más de las razones para contar con nuevas versiones de la Biblia:  en algunos casos se hace necesario explicitar información latente o implícita en el texto original.  Quien lea RVR 1960 o DHH entenderá que el reproche del Señor en cuanto a «hollar» o «pisotear» sus atrios va dirigido a personas, pero la NVI deja en claro que, aunque el reproche va dirigido a personas, quienes huellan o pisotean los atrios del Señor son los animales que esas personas llevan allí.

La Biblia es también poesía.  Aproximadamente una tercera parte del Antiguo Testamento ha sido escrita en forma poética.  Si deseamos acercarnos más al sentido poético del texto bíblico, resulta indispensable contar con una o varias versiones que intenten reflejar tal carácter.  He aquí una pequeña muestra del Cantar de los Cantares (6:10), donde dos versiones han trascendido a la letra para intentar penetrar en el espíritu poético de esa letra:

¿Quién es esta que se muestra como el alba,
hermosa como la luna,
esclarecida como el sol,
imponente como ejércitos en orden?
(RVR 1960)
¿Quién es ésta que se asoma
como el sol en la mañana?
Es hermosa como la luna,
Radiante como el sol,
¡Irresistible como un ejército en marcha! (DHH).
¿Quién es ésta, admirable como la aurora?
¡Es bella como la luna, radiante como el sol
majestuosa como las estrellas del cielo!
  (NVI).

Podríamos abundar en ejemplos como estos, pero ojalá el lector haya notado ya, en las aparentes diferencias entre las tres versiones citadas, el sentido profundo del texto bíblico.  Todas ellas, en su conjunto, nos dan una percepción más amplia del sentido del texto, pero ninguna de ellas, en particular, lo agota.  Hoy día, cuando contamos con tantas versiones nuevas del Mensaje eterno, ¿Por qué no profundizar nuestra lectura de éste, comparando nuestra versión, favorita con esas nuevas versiones?  Si lo hacemos así, estaremos poniendo fin a la lectura literal, que tanto daño nos ha hecho, y estaremos penetrando en los tesoros de la sabiduría inefable de Dios.

 



LA BIBLIA HEBREA, SU TRADUCCIÓN E INTERPRETACIÓN en LA NVI
 Esteban Voth

 Quien alguna vez ha intentado traducir un texto, un discurso o un sermón ha descubierto que la acción de traducir nunca puede llevarse a cabo de manera mecánica, aplicando una fórmula en toda situación.  Quien traduce siempre, enfrenta una serie de interrogantes que exigen respuesta, tales  como los siguientes: ¿Qué dijo?  ¿Cómo lo dijo?  ¿Qué quiso decir?  ¿Cómo quiso que lo entendieran?  Estas preguntas, junto con muchas otras, sugieren que traducir es en verdad más un arte que una ciencia.

El desafío de traducir

 El proceso de tratar de expresar el sentido de un texto o de un discurso en otro idioma diferente al original se complica aún más cuando se trata de textos literarios sofisticados que están llenos de metáforas, juegos de palabras, frases idiomáticas, líneas poéticas, etc.  Naturalmente, hay que tomar en cuenta el género literario de cualquier texto:  poesía, narrativa, informe, cuento, historia, etc., y algunos géneros representan un desafío mayor que otros.  Por ejemplo, una frase simple y directa escrita en un diario matutino normalmente  será  más fácil de traducir que una frase filosófica de Jorge Luis Borges.

 Ahora bien, este intento de transmitir en una lengua el sentido de un texto escrito originalmente en otra es aún más difícil si el texto original es muy antiguo.  Muchas veces los textos antiguos están escritos en una lengua que se define como «lengua muerta» porque ya no existen personas vivas que hablen, canten y expresen sus sentimientos en ese idioma.  Esto significa que no podemos escuchar sus modos de expresión ni sus tonos de voz.  Tampoco podemos observar expresiones faciales, ni ver lo que transmiten los ojos, ni interpretar lo que se conoce como «lenguaje del cuerpo».  Por lo tanto, el traductor se enfrenta con el gran desafío de hacer vivir una lengua que en muchos sentidos está muerta.   Desde ese punto de vista, se requiere un milagro de resurrección para que el texto escrito en una lengua que ya no se habla, se entienda en una lengua moderna, una lengua que vive y se transforma casi día a día.

 Finalmente, cuando se trata de un texto muy antiguo, como lo es el texto original del Antiguo Testamento, también entran en jugo cuestiones de trasfondo cultural, contextos históricos difíciles de reconstruir, maneras de entender la realidad, usos gramaticales que parecen extraños, valores distintos y espiritualidades diferentes.  Todo esto sugiere que traducir no es simplemente cuestión de buscar palabras equivalentes en otro idioma, sino es  adentrarse en el mundo del texto.

La base textual


 
Otra pregunta que surge al comenzar el trabajo de traducir el Antiguo Testamento es: ¿Qué manuscrito servirá de base para la traducción?  En el mundo antiguo, los textos literarios (incluyendo los textos inspirados por Dios) se transmitían primero de manera verbal y luego de un tiempo se diseminaban por escrito.  El texto original del Antiguo Testamento se escribió mayormente en hebreo, con un pequeño porcentaje en arameo.  Como en aquel tiempo no había imprentas —los textos eran copiados a mano por escribas que se especializaban en este proceso— se produjeron diferentes copias en diversos lugares geográficos.

 Los traductores de la NVI tomamos la decisión de trabajar con los mejores manuscritos hebreos, arameos y griegos que estaban a nuestra disposición.  Hoy, gracias al trabajo de personas especializadas en la disciplina de la crítica textual que se abocan a la búsqueda del texto más original, se considera que para el Antiguo Testamento el texto base más  apropiado es la Biblia Hebraica Stuttgartensia, que es el resultado de un trabajo muy cuidadoso que toma como punto de partida un manuscrito llamado «Códice Leningrado»,  que pertenece a la traducción de Ben Asher.  Se trata de un manuscrito medieval copiado alrededor del año 1008 d.C.  Según una declaración escrita al final del manuscrito (un colofón), un hombre llamado Samuel ben Jacob lo copió y le colocó los puntos vocálicos y los acentos.  Se considera que este manuscrito es el más antiguo que conocemos de la Biblia hebrea completa.  En términos generales, a este texto nos referimos como el texto masorético, que sirvió de base para el trabajo de los traductores del Antiguo Testamento de la NVI.

 Esta decisión fue suplementada por otra:  que también se utilizarían otros manuscritos que están a nuestro alcance, tales como el Pentateuco Samaritano, la Septuaginta, la versión Siríaca, la Tárgumes (traducción aramea) y otros manuscritos hebreos, incluyendo los famosos rollos del Mar Muerto.  La necesidad de recurrir a estos otros manuscritos del Antiguo Testamento radica en el hecho de que muchas veces el texto masorético no es claro para nosotros, o simplemente exhibe errores cometidos por los antiguos copistas.  En estos casos, las diversas traducciones antiguas nos ayudan a reconstruir el texto más «original» posible.  El criterio utilizado fue que en los casos en que el texto masorético presentara problemas, se consultarían las traducciones antiguas.  En el caso de optar por la lectura de algunas de estas traducciones, se le avisaría al lector, mediante una nota al pie de la página, que la traducción presentada en la NVI se basa en otro manuscrito que no es el texto masorético.  A continuación presentaremos algunos ejemplos que ayudarán al lector a entender el proceso que hemos seguido.  Estos ejemplos no sólo ilustran el uso de diferentes manuscritos sino que a la vez demuestran claramente que en toda traducción existe una buena dosis de interpretación.  El proceso hermenéutico (el arte y la ciencia de interpretar) está presente en todos los niveles y en todo momento en el trabajo de traducción no sólo de la Biblia sino de cualquier pieza de literatura.

Algunos ejemplos

En primer lugar presentaremos algunos casos en los cuales se decidió que la lectura de la Septuaginta era preferible a la del texto masorético, el texto base.  El Salmo 118:13 en la RVR, siguiendo la lectura del texto hebreo, es traducido:

«Me empujaste con violencia para que cayese,
Pero me ayudó Jehová.»

 El contexto total del Salmo sugiere que en realidad fueron los enemigos quienes empujaron al poeta.  Por esa razón la NVI opta por la lectura de la Septuaginta, apoyada por la Vulgata y la Siríaca, y traduce:

 «Me empujaron con violencia para que cayera,
pero el SEÑOR me ayudó.»

 «Y los molí como polvo delante del viento;
Los eché fuera como lodo de las calles.»

 »¡Los pisoteé fuera...»
  «Los desmenucé.  Parecían polvo disperso por el viento. ¡Los pisoteé como al lodo de las calles!»
Reconocer esta forma de la poesía hebrea es muy importante. Y así, la traducción castellana recupera el sentido original con más exactitud.

Otro caso muy interesante lo encontramos en 2 Samuel 13:34. La NVI optó por incluir toda una oración que aparece en la Septuaginta pero que no está en el texto masorético y, consecuentemente, tampoco en la RVR. La oración en cuestión es: «Entonces fue a decirle al rey: “Veo venir gente por el camino de Joronayin, por la ladera del monte.”». Los traductores de la NVI consideramos que el copista del texto hebreo se salteó esta oración por la simple razón de que su vista se salteó del primer uso de la frase en el mismo versículo.  Por tanto, inferimos que el texto preservado en la Septuaginta es el más completo y corresponde al original.

Traducción e interpretación

Por razones de espacio no podemos ofrecer más ejemplos de este tipo de decisión textual y hermenéutica.  A continuación damos algunos ejemplos que ilustran el dinámico proceso interpretativo de una traducción.  Como ya hemos dicho, toda traducción es en definitiva interpretación.  Y ésta debe tomar muy en serio los distintos contextos literarios en los cuales funcionan las palabras individuales.  La palabra «como», dependiendo de su uso en determinada oración, puede significar el acto de comer, o puede señalar una comparación; o también puede ser utilizada como una tilde para hacer una pregunta (¿cómo?) o para expresar sorpresa (¡cómo!).  Así mismo, es necesario traducir palabras del hebreo reconociendo el contexto y los diferentes significados que puede tener la misma palabra hebrea. Es así que en muchas ocasiones la traducción literal no es la más adecuada para transmitir el sentido de una frase.  Veamos algunos ejemplos.

La traducción tradicional de la última frase de Génesis 2:24 dice: «y serán una sola carne.»  Los traductores de la NVI  creemos que una frase como «se funden en un solo ser» expresa más claramente la idea del texto hebreo original.  Un ejemplo un poco diferente que demuestra el acto interpretativo de la traducción lo encontramos en Génesis 31:41.  Allí leemos que Jacob acusa a Labán de haberle cambiado el salario «diez veces», pero la NVI traduce esta frase por «muchas veces», ya que el sentido del número aquí no es literal, sino que se trata de un modismo hebreo para decir que esto ha ocurrido muchas veces.  Algo parecido sucede también con Génesis 48:22, donde el hebreo literalmente dice: «luchando con mi espada y con mi arco».  La  NVI capta el sentido original con la muy castiza frase: «luchando a brazo partido».

Un caso donde el acto interpretativo es aún más radical lo podemos ver en el Salmo 16:3.  La RVR interpreta y traduce este versículo de la siguiente manera:

«Para los santos que están en la tierra,
Y para los íntegros,  es toda mi complacencia.»

Sin embargo, la NVI encuentra otra alternativa tan válida como aquélla, que dice:

«Poderosos son los sacerdotes paganos del país, según todos sus seguidores.»

Finalmente, queremos  llamar la atención a la traducción de Génesis 1.  Reconociendo que se trata de un texto litúrgico y poético en el que se proclama la majestad de un Dios creador todopoderoso, la NVI  ofrece una traducción poética del primer capítulo de la revelación bíblica.  Esta traducción no solamente capta el hermoso sentido del texto, sino que además suscita una actitud de reverencia y asombro.  Es una traducción que alcanza el nivel literario especial de un acto interpretativo intencional con el que se busca llegar al corazón del lector.  La NVI nos ofrece un texto fundamentado en la mejor y más rica base textual.

Así mismo, emplea una teoría de traducción sofisticada que busca transmitir el mensaje de poder de la Palabra de Dios a través de un estilo elegante, en un castellano contemporáneo y dinámico. En definitiva, esta traducción es una ofrenda a Dios y al pueblo de Dios y en especial al de América Latina.

 


¡POR QUÉ NO APARECE «JEHOVÁ» NI «YAHVÉ»  EN LA NVI!
Edesio Sánchez Cetina

La Nueva Versión Internacional, al igual que otras versiones contemporáneas de la Biblia, pone la palabra «SEÑOR» en lugar de las correspondientes cuatro consonantes del texto consonantal hebreo, conocidas como el tetragrámaton: hwhy, «YHVH»

A primera vista, para quien conoce el sentido de la raíz hebrea que forma esas consonantes, YHVH no tiene nada que ver con SEÑOR.  El significado de YHVH está relacionado con el verbo hebreo que se traduce al castellano como «ser», mientras que «SEÑOR» es la traducción de la palabra hebrea Adonai.

Aunque se ha debatido mucho el origen y significado exacto de YHVH, el consenso general de los especialistas es que YHVH significa simplemente: «Él es».  La forma verbal detrás de esta traducción es un imperfecto del tema verbal conocido en la gramática hebrea como qal (la forma simple del verbo hebreo).  Su pronunciación parece ser la de yahvé o yavé.  Así lo comprueban algunos textos griegos de la época patrística.

Este nombre dejó de pronunciarse desde la época del Antiguo Testamento, concretamente, durante el exilio.  Cuando se tradujo la Biblia hebrea o Antiguo Testamento al griego, los traductores usaron en forma sistemática la palabra Kyrios («Señor») en lugar de YHVH.  Así se respetó la tradición y la práctica impuesta por los judíos de evitar pronunciar el nombre sacrosanto de Dios.  En las sinagogas, donde el texto hebreo siguió en uso, cada vez que aparecía en la lectura la palabra YHVH, el lector automáticamente pronunciaba la palabra hebrea Adonai («Señor»).  Los autores del  Nuevo Testamento utilizaron la palabra Kyrios para representar YHVH. De manera que en las citas que tenemos del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento, se utiliza la palabra Kyrios (Señor), en lugar de YHVH.

Muchos siglos después, ya en plena era cristiana, los eruditos judíos, conocidos como masoretas, inventaron una puntuación vocálica y la unieron al texto consonantal sin violentar su integridad.  Eso se hizo para evitar la pérdida de la pronunciación correcta y del sentido o significado correcto de las palabras hebreas. Así, cada palabra hebrea de lo que hoy se conoce como texto masorético, tiene el texto consonantal acompañado de su respectiva puntuación vocálica.  Sin embargo, eso no sucedió con el nombre de Dios, YHVH.  Los masoretas no colocaron las vocales correspondientes, sino que acompañaron el texto consonantal YHVH con los puntos vocálicos de Adonai (Señor).  La intención era comunicarle al lector que aunque estuvieran presentes las consonantes del nombre sacrosanto de Dios, este no debía pronunciarse, sino que en su lugar se pronunciaría el equivalente hebreo de «Señor», es decir, Adonai.  Esta práctica, que también se sigue en algunas otras palabras del texto bíblico, se conoce con la expresión qereb y qetib («así se lee» y «así se escribe»).

A principios del siglo XII d.C., surgió el anhelo de proveer a la cristiandad de nuevas traducciones bíblicas hechas directamente de los idiomas originales y no del latín de la Vulgata, traducción hecha por S. Jerónimo en el siglo IV d.C.  Y así fue como se inició la escritura y lectura de la palabra «Jehová».  Esta palabra es una forma híbrida; está formada por las consonantes de Yahveh y las vocales de Adonai.  La palabra Jehová no existe, pues, en sí en el texto original hebreo de la Biblia.  Es una invención del siglo XII d.C. que resultó de la combinación de las consonantes del término Yahve, con las vocales de la palabra Adonai.  Cuando se tradujeron

Biblias como  la Reina Valera (siglo XVI d.C.), se siguió esa práctica.  Por eso es que hasta el día de hoy todas las revisiones y versiones basadas en la Reina Valera usan Jehová para referirse al nombre de Dios.

Si se quisiera traducir literalmente el nombre original de Dios, se deberían usar las formas Yahvé o Yavé.  Así hacen varias versiones contemporáneas, como la Nueva Biblia de Jerusalén y la Biblia Latinoamericana.  Sin embargo, la mayoría de las versiones tanto católicas como protestantes, prefieren usar el título «Señor».  De esta manera, se respeta la tradición establecida en los textos hebreos transmitidos por los judíos, desde la antigüedad hasta nuestros días, y se evita usar de manera indiscriminada el nombre sacrosanto de Dios.  Además, el título «Señor» ha probado ser la mejor opción para el uso y aceptación de una traducción bíblica en el ámbito universal.  El uso de la palabra «Jehová» no solo hace caso omiso de la realidad lingüística del nombre divino, sino que crea muchas resistencias entre círculos tanto judíos como de otros cristianos y creyentes ilustrados, que no ven la razón para que se siga utilizando un término que nunca estuvo en los originales de la Biblia.

Por el contrario, la palabra Señor, como traducción del griego Kyrios, que es a su vez traducción del nombre hebreo Adonai, sí es un término bíblico con el que se identificaba a Dios.  Y ya lo hemos dicho, era el término que los judíos pronunciaban siempre que aparecía el tetragrámaton inefable del nombre de Dios: YHVH, el cual no les era permitido pronunciar.

 


PREGUNTAS ACERCA DEL ANTIGUO TESTAMENTO

¿En algunas de las respuestas, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, seguimos de cerca el libro Accuracy del doctor Ken Baker, publicado por la Sociedad Bíblica Internacional.  Otras respuestas fueron redactadas por el editor de este libro con la colaboración del comité de redacción.

GÉNESIS 4:1

Por qué dice la NVI «¡Con la ayuda del SEÑOR, he tenido un hijo varón!» en lugar de «Por voluntad de Jehová he / adquirido varón.»?

Hay dos problemas aquí.  El primero es cómo se usa la preposición hebrea ‘et («con»).  Varios diccionarios, gramáticas y léxicos de la lengua hebrea, incluso el famoso A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament [Un léxico del Antiguo Testamento en inglés y hebreo], de G. Johannes Botterweck y Helmer Ringgren, registran este caso de la palabra bajo la categoría semántica «con el propósito de ayudar», de aquí la expresión «con la ayuda de».  Este concepto está apoyado por la Biblia griega LXXX (Septuaginta), dia tou theou («a través de Dios»).

El segundo problema es cómo se usa el verbo hebreo q’ti (que viene de q’cha, «tenido» en la NVI).  El Lexicon in Veteris Testament Libros [Lexicón de libros del Antiguo Testamento] registra correctamente este caso bajo el homónimo Il qnh, «crear, producir» y no «adquirir» u «obtener».  (Véase también Gn 14:19,22.)

GÉNESIS 37:35

¿Por qué la palabra hebrea sheol es traducida como «sepulcro» aquí y en muchos otros lugares del Antiguo Testamento?

El comité de traducción bíblica está convencido de que en la mayoría de los casos sheol significa «sepulcro».  En lugares dudosos usamos «muerte», «profundidades» o algo similar.  Ordinariamente colocamos sheol en las notas al pie de página.  Una entre varias razones por las que llegamos a esta conclusión es el hecho de que sheol se usa frecuentemente como sinónimo del hebreo qeber («tumba, sepulcro»).

LEVÍTICO 13:2

¿Por qué la palabra «lepra» del hebreo fue traducida como una «enfermedad infecciosa (de la piel)»?

 La respuesta está en la anotación breve de la NVI: «Infección.  Tradicionalmente lepra.  La palabra en hebreo se usaba para indicar varias enfermedades de la piel, no necesariamente la lepra.»

 Los síntomas descritos, y el hecho de que pueden cambiar rápidamente (vv. 6, 26-27, 32-37), muestran que la enfermedad no era realmente lepra (enfermedad de Hansen).  Estos se aplican también a otras enfermedades, además de otras erupciones de la piel más bien inofensivas.  La palabra hebrea traducida como «enfermedades infecciosas de la piel» también puede significar «moho» (v. 47, 14:34 y especialmente 14:57).

I SAMAUEL 15:32

¿Por qué fue traducido del hebreo «muy confiado», en lugar de «alegremente» como en la versión Reina Valera del 1960?

 La palabra hebrea m’dnt expresa «la manera en que vino Agag».  Puede haber sido de manera confiada, desafiante, rebajada o cobarde.  Es imposible determinar a cuál se refiere.  Por esa razón preferimos la traducción «muy confiado» que va más de acuerdo con el contexto («Agag se acercó a él muy confiado, pues pensaba...»].

2 SAMUEL 21:19

¿No hay conflicto entre este versículo y 1 Samuel 17:50-51?

Así aparece este pasaje en el texto hebreo.  Sin embargo, un cuidadoso estudio del original sugiere que el texto, tanto aquí como en 1 Crónicas 20:5,  originalmente era «Eljanán hijo de Yaír mató a Lajmi, hermano de Goliat», o «Elhanan hijo de Yaír de Belén, mató al hermano de Goliat».  Ambos pasajes indican «que David mató a Goliat, y Elhanán mató al hermano de Goliat».

JOB 1:21

¿Por qué se traduce «desnudo he de partir» en lugar de «desnudo volveré allá» como aparece en la RVR?

 El texto hebreo no está claro.  A lo que «allá» se refiere es ciertamente debatible.  Algunos han interpretado «allá» como refiriéndose al «vientre de la madre».  La sugerencia de que «más allá» o «allá» se refiere a la Madre Tierra como el origen y meta final del hombre, no tiene base en las Escrituras.  El pensamiento es tan general como Eclesiastés 5:15 ó 1 Timoteo 6:7.

 La alternativa «volveré allá» también se ofrece en la anotación al pie de página.  Los miembros del comité de traducción bíblica estiman que las anotaciones son una parte importante del texto de la NVI.

JOB 9:30

¿Por qué se traduce «jabón» del hebreo en lugar de «aguas de nieve» como aparece en la RVR?

La mayoría de los comentaristas y traductores hoy en día traducen eleg como «jabonera» más bien que «nieve».  Pope identifica la jabonera como jabón manufacturado de la raíz de la planta leontopetalón.  Las palabras correspondientes en el Mishna (e-l’g) y en el Gemara (-alg’) apoyan la traducción como jabón, así como el akadiense a-l’ku.  (El Mishna es una colección de enseñanzas rabínicas que luego formaron el Talmud, el libro judío por excelencia.)

JOB 26:12

¿Por qué se tradujo del hebreo como «Rahab » en vez de traducirlo como «la arrogancia» conforme aparece en la RVR?

La palabra hebrea puede traducirse como un nombre común, «la arrogancia» (RVR) o como el nombre propio «Rahab» (NVI).  Rahab es el nombre de un monstruo cananita y algunas veces simboliza a Egipto.  Por supuesto, el uso que Job le da a ese vocablo mitológico de ninguna manera sugiere que él creía en la verdadera existencia de tal criatura.  El vocablo más bien afirma, en forma polémica, la supremacía de Dios como único Dios –el Todopoderoso- que puede conquistar a todos los dioses paganos que alegan serlo, y a criaturas como Rahab.

SALMO 8:5

¿Por qué se traduce «dios» en vez de «ángeles»?

La palabra Elohim, en hebreo, literalmente es «dios».  Por eso la mayoría de los eruditos hebreos creen que a Elohim aquí se le debe dar su traducción normal: «dios». (Véase la nota en la Biblia NVI).  Lo que realmente está diciéndonos este versículo es que el hombre ha sido elevado a una categoría cercana a la de Dios, en el orden creado.  Génesis 1:26 dice, en efecto, que Dios hizo al «ser humano a su imagen y semejanza».  Elohim en hebreo puede significar además dioses o seres sobrenaturales.  La versión griega de la Biblia, la Septuaginta, traduce Elohim como «ángeles», de donde posiblemente tomó la misma expresión el autor de Hebreos 2:7. (Véase Salmo 8:5-8 con Génesis 1:26-28.)

SALMO 51:5

¿Por qué la doctrina de la herencia del pecado original ha influido en la traducción de este versículo?

No estamos intentando representar algún punto de vista teológico en particular; más bien estamos tratando de expresar el significado del versículo en lenguaje español contemporáneo.  Aunque la presentación del versículo puede prestarse para dos o tres posibles interpretaciones, básicamente enseña la misma verdad que enseñan Génesis 8:21; Salmo 58:3 y Efesios 2:3.

SALMOS 100:3

¿Por qué la NVI traduce el hebreo «y somos suyos» en lugar de la expresión conocida «y no a nosotros mismos»?

El problema aquí tiene que ver con la lectura correcta del texto hebreo.  El comité de traducción bíblica favoreció la expresión «y somos suyos», lo cual parece ser más apropiado de acuerdo con lo que sigue en el versículo.  Sin embargo, ofrecemos la traducción alternativa de «y no a nosotros mismos» en la nota al pie de página.

PROVERBIOS 23:7

¿qué es lo correcto para cubrir la primera parte de este versículo, la traducción del texto principal de la NVI, o la alternativa en la nota del pie de página?

La expresión en hebreo en este caso permite varias traducciones e interpretaciones.  Lo más justo y conveniente es ofrecer al lector diferentes posibilidades.  La que aparece en el texto es la que eligió la más antigua traducción de la Biblia (la Septuaginta).  Otros prefieren la que aparece en la nota al pie de página: «pues como é piensa, en su interior, así es él».  Ambas se apoyan en fuentes documentales de mucha importancia.

ECLESIASTÉS 1:2

¿Por qué la NVI  traduce el vocablo hebreo hebel como «absurdo»?

En general, cuando una palabra hebrea forma la parte central del tema de un libro, como es el caso de hebel, es preferible asignarle la misma interpretación esencial siempre que sea posible. La nota en la Biblia de estudio explica así el significado de este término:

El vocablo clave «absurdo» ocurre alrededor de 35 veces en el libro de Eclesiastés.  Originalmente significaba «aliento» (véase Salmos 39:5, 11, 62:9 y 144:4).  El énfasis básico de Eclesiastés estriba en que la vida es absurda, inútil, vacía, fútil y vana si no está debidamente relacionada con Dios.  Sólo cuando está basada en Dios y su Palabra, la vida cobra valor y toma sentido.

Esta enseñanza básica se presenta a través de todo el libro; véase especialmente 2:24-26; 3:11-14, 22; 5:18-20; 8:15; 9:7-10; 11:7-12:1 y 12:9-14.

El principio expuesto en 7:5-10 es el de que una persona sabia pondrá atención a la reprensión para evitar la corrupción.  El punto relevante en los vv. 5-6 es que el significado verdadero y duradero de la vida de alguien no se puede hallar en la risa o  en los cantos ruidosos pero breves de los tontos que se alaban y se entretienen los unos a los otros, sino que más bien es mejor prestar atención a la reprensión del hombre sabio.  Así pues, el significado de la vida de uno es obtener ganancia de los sabios, no de los tontos.

Parece que el punto que se debe destacar en 8:10-14 es que la ley de la retribución frecuentemente parece estar en contradicción, y esto puede dar como resultado un sentido de futilidad, en realidad una falta de sentido, algo «absurdo», que nos desconcierta.  Así pues, aunque uno crea aun en la ley de la divina retribución (8:13), debe darse cuenta de que en esta vida hay realidades y acontecimientos «absurdos», sin sentido, que nos dejan perplejos (8:14).  La literatura sapiencial, por supuesto, lucha constantemente con este problema.  (Véase el Salmo 73.)  El problema puede causar a veces desconcierto al mismo creyente, porque no se explica lo que ve o siente.  Sencillamente le parece «todo absurdo».

ECLESIASTÉS 7:15-18; 9:1

¿Por qué usa la NVI vocablos tales como «demasiado justo», «demasiado sabio», pasarse de malo», «portarse como un necio», «de esto», de aquello», «amor» y «odio»?  ¿Qué significan?

El primer pasaje (7:15-18) es muy enigmático, elíptico y misterioso en hebreo.  Los eruditos y expertos difieren comprensiblemente en cuanto a cómo las palabras hebreas deben colocarse y complementarse para darles un sentido cabal y sintáctico en el idioma español.  El sentido del pasaje esencialmente es una exhortación a evitar los extremos del exceso de escrupulosidad, ascetismo o legalismo por un lado, y al libertinaje por el otro.  La persona con la habilidad de vivir equilibradamente evita tales extremos y lleva una vida balanceada en actitud de sumisión ante el Señor.

En 9:1 «amor» u «odio» probablemente intentan hablar de lo que es bueno y lo que es malo.  Esos asuntos están bajo el control del Dios soberano. (Compárese con 3:1-14.)

ISAÍAS 7:14

¿Por qué la NVI traduce la palabra hebrea alma por «joven», en lugar de «virgen», como hacen otras versiones, y por qué usa el tiempo futuro «concebirá» en lugar de «ha concebido?

En cuanto a la primera pregunta, la única declaración completamente justa, objetiva y segura que alguien pueda hacer de la palabra ‘almâ es que los eruditos del Antiguo Testamento están en desacuerdo acerca de su significado.  Algunos sostienen que la palabra hebrea significa «virgen»; otros sostienen que quiere decir «mujer joven en edad para el matrimonio»; y aun otros discuten que puede tener cualquiera de estos dos significados, según el contexto.  Versiones tradicionales como la RVR no son consistentes y traducen esta misma palabra hebrea alma en Éxodo 2:8 y Proverbios 30:19 como «doncella».  Lo único que puede decirse con seguridad es que alma se usa sólo para mujeres solteras no necesariamente vírgenes.  Cuando los judíos tradujeron la Biblia del hebreo al griego, (la LXX)  alrededor del año 200 a.C., usaron la palabra griega pártenos («virgen»).

En cuanto al nacimiento virginal de Jesús, está claramente afirmado por los Evangelios. Mateo lo afirma así y usa la palabra pártenos, al citar en griego a Isaías 7:14 (Mt 1:18-25).  Lucas no cita directamente a Isaías, pero dice explícitamente dos veces que María era «virgen».  (Véase Lucas 1:27, 34-35.)

En cuanto al tiempo del verbo en español, todo lo que el hebreo tiene es un adjetivo; lo que significa que el traductor debe dar el tiempo apropiado del verbo «ser», de acuerdo con los requisitos del contexto.  La mayoría de los eruditos prefieren el tiempo futuro en este contexto.

ISAÍAS 14:12

¿Hay alguna omisión aquí?  ¿Qué le sucedió a «Lucifer»?

 El vocablo hebreo heylel aparece solamente en este pasaje en toda la Biblia, de manera que es difícil saber lo que significa exactamente, pues no hay puntos de referencia o comparación.  Lo más probable es que esté relacionado con el verbo halal, que significa «brillar»; así que el sustantivo heylel aparece significar «algo que brilla o lleva luz», que es precisamente el significado literal de la palabra «lucero» en español, que viene del latín fere lucem; llevar luz.

Algunos eruditos piensan que se refiere al planeta Venus, o a la luna.  No existe ninguna evidencia lingüística de que esta palabra sea le nombre propio de Satanás.  Es simplemente una palabra que al pasar del hebreo (heylel) al latín, se tradujo como lucifer, un sustantivo común, que significa lo que significa en hebreo –portador de luz.  Más tarde pasó al castellano como «lucero», que tiene exactamente la misma significación.

Cuando la Biblia se tradujo al latín, S. Jerónimo hizo exactamente eso, tradujo helel por lucifer en Isaías 14:12.  Pero en esta versión latina de S. Jerónimo, «lucifer» no se usa como nombre propio tampoco.  El primero que utilizó este término como nombre propio aplicado a Satanás fue Tertuliano, un padre de la iglesia quien murió aproximadamente en el año 222 d.C.  Pero fue el poeta inglés John Milton, quien lo utilizó en su poema El Paraíso perdido, quien difundió y popularizó esta idea y práctica.  Las versiones bíblicas tradicionales de los siglos XVII y siguientes continuaron esa tradición extrabíblica, dándole a la traducción latina de Jerónimo «lucifer», categoría de nombre propio para aplicarlo a Satanás.  En realidad «estrella de la mañana» es una traducción e interpretación correcta.  Los eruditos, sin embargo, discuten sobre a quién se refiere: si es al rey de Babilonia, a Satanás o a ambos.  Cristo, por supuesto, es la verdadera Estrella de la Mañana. (Véase Números 24:17; 2 Pedro 1:19; Apocalipsis 22:16.)

ISAÍAS 53:11

¿Por qué la NVI  traduce «...verá la luz»’ y no «verá el fruto de la aflicción de su alma», como la RVR?

Aquí la NVI siguió el texto mucho más antiguo de los Rollos del Mar Muerto y la Septuaginta (ambos de los siglos II y III a.C.) en lugar del texto masorético, un texto posterior que siguen otras versiones.

ISAÍAS 59:19

¿Por qué su interpretación de la última parte de este versículo es tan diferente a la de la RVR?

Los traductores de la RVR pensaron que el verbo hebreo al final del versículo tenía la idea de «concentrarse alrededor de una bandera o de levantar un estandarte». Aquí parece haber falta de entendimiento de la palabra hebrea. «Vendrá como u  torrente» es probablemente una mejor traducción y tiene más sentido con el contexto.

DANIEL 7:13, SALMO 8:4, HEBREOS 2:6

¿Por qué la NVI traduce en estos pasajes «ser humano» en lugar de «hijo del hombre?

Lo primero que hay que observar es que en los tres pasajes se han incluido notas al pie de página con la traducción literal: «hijo del hombre». Esto se hace siempre que una traducción literal, como es aquí el caso, no suena bien en castellano, pero, dada la importancia que se le ha dado en el uso tradicional, el lector debe darse cuenta del cambio.  No hay, pues, la más mínima intención de los traductores de ocultar en Daniel 7:13 la referencia a Cristo. La NVI está llena de referencias a Cristo en el Antiguo Testamento.  Hay, sin embargo, una diferencia de la expresión, que los autores del Nuevo Testamento tomaron muy posiblemente de Daniel 7:13 y la aplicaron a Jesús como un título.  Por eso la NVI la ha dejado intacta en muchos casos en el Nuevo Testamento.

En hebreo la frase ben-adam significa «hijo del hombre», lo mismo que bar’enash en arameo.  Es una simple y natural expresión de uso común en los idiomas semíticos, para expresar la filiación, origen o pertenencia de algo o de alguien.  La palabra «hijo» significa ben; se combina con muchas otras palabras para expresar que algo o alguien pertenece o proviene de otro, o pertenencia a determinada clase o categoría.

Por ejemplo, Deuteronomio 25:2 dice literalmente: «Y si el culpable es hijo de azote...».  La RVR traduce correctamente: «Y si el delincuente mereciere ser azotado».  (NVI:  «Si el culpable merece que lo azoten.»)  En 1 Samuel 20:31, dice literalmente:  «Tráemelo, porque es hijo de muerte».  (NVI «Tráemelo, pues está condenado a morir.»)  Hay muchos ejemplos en hebreo: ben-semeq significa «hijo de apoyo» o «confiable»; ben-zug quiere decir «hijo de un par» o «esposo»; ben-sijáh se traduce «hijo de conversación» o «interlocutor».  En el caso de ben-adam, no hay ninguna duda de que significa «persona, hombre, ser humano».  Daniel 8:18 la usa en referencia a sí mismo. La NVI traduce: «criatura humana».

 Sin embargo, en muchos casos la expresión «hijo del hombre» se usa repetidamente, a manera de título. Es el caso de Ezequiel, donde se ha dejado la traducción literal.  Lo propio ocurre en varios pasajes del Nuevo Testamento.

 Pero en español común y corriente, distinto a lo que ocurre en hebreo-arameo, la expresión «hijo del hombre» no tiene sentido, a no ser en su acepción de «criatura humana».  En la Biblia es tolerable usarla, cuando por el uso ha llegado a ser un «título», especialmente cuando se aplica a Jesús.  (Véase Mateo 8:20; Lucas 9:58; 9:44, 12:8 y otros pasajes donde la NVI ha dejado intacta la expresión «hijo del hombre».)  Es bien claro que este no es el caso del Salmo 8, en donde la expresión es paralela al sinónimo «hombre».  Es el mismo caso en el Salmo 80:17 y en Jeremías 49:18.  Cuando Daniel dice que vio a alguien «como hijo de hombre», en castellano no significa más que vio a alguien que parecía un ser humano, en contraste con las otras visiones de animales que tuvo.  Por eso la NVI tradujo acertadamente «con aspecto humano».  Esto es mucho más claro para el lector común, que decir: «Vi uno como hijo de hombre».

OSEAS 11:12

¿Por qué la NVI  dice: «Judá anda errante, lejos de Dios», en lugar de «Judá aún gobierna con Dios, y es fiel con los santos» (RVR)?

La última parte de este versículo ha sido por mucho tiempo un problema dificultoso en la exégesis hebrea y la interpretación del Antiguo Testamento.  El verbo, dependiendo de lo que son la raíz y la etimología, puede significar «ser desobediente», «ser conocido» o «gobernar». La preposición puede significar «en contra de», «hacia», «por» o «con».  El nombre final puede significar «el Santo» o «los santos» (es decir «santos»).  En una situación como ésta uno debe juzgar la probabilidad basada en el contexto.  El profeta (o Dios) difícilmente estaría diciendo algo elogioso acerca de Judá, particularmente teniendo en cuenta el texto en 12:2.  Por lo tanto, los matices negativos y condenatorios de las palabras parecen ser más apropiados con el énfasis en los siguientes versículos del contexto.  (Realmente, 11:12 es 12:1 en la Biblia hebrea, así que, naturalmente, concuerda con el texto que continúa).

MIQUEAS 5:2

¿En las últimas dos líneas de este versículo, por qué establece una diferencia entre «orígenes» (NVI) y «salidas» (RVR)?

Los traductores de la NVI  no fueron descuidados al manejar las profecías del Antiguo Testamento o cualesquiera otras doctrinas, sino que los eruditos buenos, consagrados y espirituales, difieren en la interpretación de ciertos pasajes bíblicos.  Por ejemplo, el texto hebreo al final de este versículo puede traducirse como (1) «y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad» o (2) «sus orígenes se remontan hasta la antigüedad, hasta los tiempos inmemoriales».  Los que prefieren la primera interpretación, naturalmente, usan ésta para debatir sobre la eternidad del Mesías.  Los que prefieren la segunda traducción creen que la expresión se refiere a los antiguos «orígenes» del Mesías por la línea genealógica de David (como lo indica el pacto davítico en 2 Samuel 7) y de la tribu de Judá (Génesis 49:10).

Los miembros del comité de traducción bíblica sintieron que el contexto favorecía el segundo punto de vista: «Belén ... de Judá, de ti saldrá el que gobernará a Israel».  (Nótese el énfasis sobre los orígenes del futuro gobernante davítico en el pueblo davítico de Belén.)  Los traductores de la NVI   prefirieron colocar la segunda interpretación en el texto y la primera en las anotaciones como una alternativa.  A propósito, los que favorecen la segunda traducción siempre creen en la eternidad del Mesías (y por eso en el eterno Hijo de Dios) y creen que su eternidad se enseña muy explícitamente en otros pasajes, particularmente en el Nuevo Testamento.